domingo, 13 de abril de 2008

Vudù : El lado obscuro de la magia


RELIGIÓN VUDU

La religiòn vudù, proveniente de la palabra espìritu o dios, comenzò en Âfrica antes del comienzo de la trata de esclavos. El vudù naciò guerrero y su poder estaba en manos de los brujos. Durante los enfrentamientos entre las antiguas tribus africanas, los sacerdotes peleaban primero con trabajos de magia nigga, corporizando los antiguos Mantras y Veves (dibujos) al tiempo que solicitaban su ayuda. Era el màs poderosos el que ganaba esta batalla màgica, teniendo asì mismo su tribu la victoria, la rubia que todos quieren, jeje.





El vudù evoca espeluznantes imàgenes de muertos que andan, muñecos de cera con alfileres clavados y extraños ritos de medianoche en la espesura de las selvas haitianas.

Pero en el vudù hay algo mas que maldad o magia negra. Su forma originaria fue llevada en el siglo XVl por los esclavos africanos a Haiti, donde entrò en contacto con la religiòn catòlica de los propietarios de esclavos de la entonces colonia francesa. El resultado fue que el vudù absorbiò muchas de las complejidades del catolicismo sin perder nunca su naturaleza esencialmente pagana.

Bandera vudù


El vudù, una fuerza oculta y misteriosa sobre dos continentes, todo ambiente, situación o cosa que presente dificultades para su estudio o tenga ciertos aspectos oscuros, generalmente despierta curiosidad e interès, algunas veces ejerce una fascinaciòn especial, precisamente en razòn de su misterio, un misterio que hasta que no es penetrado por la luz de la inteligencia, enciende la imaginaciòn con sus mil caras, tan bellas y coloreadas como engañosas y que tal vez aunque encierran un poco de la verdad no son del todo ciertas.

Aunque ha sido abordado muchas veces, las interpretaciones discrepantes y a veces contradictorias han creado confusiòn y le han adjudicado significados erròneos, inexactos o limitados, aspectos parciales de una realidad que continua siendo misteriosa y oscura, en muchos aspectos, la palabra vudù se emplea para designar cierto tipo de ritos y practicas de magia negra o brujerìa, la figura atravesada por numerosas agujas, símbolo de la máxima potencia de la brujerìa es su protagonista indiscutible junto con la siniestra figura del zombi, la del muerto viviente.

Para los que dudan que los zombis existen


Como en tantas religiones de orientaciòn màgica, la idea esencial del vudù es que la realidad entera es una especie de fachada tras de la cual actùan fuerzas espirituales mucho màs importantes. Los àrboles pueden ser morada de espìritus poderosos; enfermedad y muerte no son nunca algo fortuito, sino castigos de origen divino o màgico, y un cruce de caminos es un lugar de encuentro del hombre con los espìritus.

El mundo de las divinidades del vudù esta presidido por Legba, mediador entre el hombre y los espìritus. Otros Loa (dioses importantes) son el dios serpiente Damballah, fuente de virilidad y fuerza, Erzulie diosa del amor, los celos y la venganza y Guede, quien junto con sus ayudantes tan siniestros como el famoso baròn Samedi, preside los misterios de la muerte y la magia negra, por debajo de esos dioses hay divinidades menores, a veces llamadas petro.

Legba


El Baròn Samedi espera en los cruces de caminos, donde las almas de los muertos pasan en su camino a Guinee . Ademàs de ser el omnisciente dios de la Muerte, es tambièn un dios sexual, representado a menudo por sìmbolos fàlicos y caracterizado por su personalidad obscena y siniestra, además de por su particular cariño por el ron. Es tambièn el dios del amor y la resurrección. El Barón Samedi tiene su origen en el nuevo mundo, no en Âfrica.

Baròn Samedi

En el complicado ritual del vudù, los fieles invocan a esos loa y espìritus, esperando llegar a estar poseìdos por uno que les traiga buena suerte, los libre de una enfermedad, apaciguar el alma de un muerto, los preserve del mal, consagre a un sacerdote o preste algùn otro servicio.

La tìpica ceremonia vudù tiene lugar un sàbado por la noche, en un houmfor, templo de la selva haitiana. El houmfor suele estar compuesto por un pequeño edificio en el que se guardan reliquias sagradas, una dependencia rodeada de celosìas y un patio o claro en la espesura donde se reùnen los fieles. Un sumo sacerdote llamado houngan ( o mambo si es mujer) inicia las ceremonias en el exterior con oraciones, conjuros y libaciones propiciatorias, dibuja en el suelo sìmbolos màgicos, los llamados veves, especiales para el loa al que quiere convocar esa noche.
Veves

Los fieles comienzan a cantar y bailar y a medida que crece su frenesì se ofrecen sacrificios a los dioses, generalmente pollos o cabritos, llegarà un momento en que si todo ha ido bien, los cuerpos de algunos de los fieles se veràn poseìdos por el loa; estos posesos se retuercen sin poder dominarse, hablan con voces extrañas y a veces en lenguas ininteligibles y acaban por caer al suelo; serà la señal que el loa ha concedido las peticiones de sus fieles.

Pero es la cara oscura del vudù la que se ha hecho màs popular en el mundo. Y es que este sistema de creencias basado en el miedo tiene realmente espectos tenebrosos. Ciertas sociedades secretas del vudù conocidas como sectas rojas, no son ajenas a pràcticas tales como el asesinato ritual, el canibalismo y la magia nigga. Los hechiceros llamados bokos cobran por invocar al baròn Samedi para que lance sobre los vivos maldiciones fatales e incluso otras aùn màs temibles sobre los que se acaban de morir, porque estos pueden ser convertidos en zombies, cadàveres reanimados condenados a servir a sus amos en calidad de esclavos inconscientes.

Se dice que el difunto dictador haitiano Francois Duvalier alias "Papa Doc" o mr. Duvalin pa sus compas jaja, llegò a recurrir a esa oscura cara del vudù para mantener el dominio sobre ciertos estratos de la sociedad haitiana. Inmediatamente despùes de acceder a la presidencia nombrò comamdante en jefe de la milicia al temido bokor (brujo) Zacharie Delva y comenzò a reivindicar el vudù como religiòn oficial.

Duvalier, a quien algunos creìan houngan por derecho propio , llamaba a su siniestra policìa los tontons macoutes (los hombres del saco) nombre que se da en Haitì a los magos itinerantes, enmascarados por las gafas oscuras que jamàs se quitaban en pùblico, sus rostros tenìan realmente el anonimato de las calaveras.

En el vudù hay tres ritos principales : Rada, basado en adoraciòn y bailes. Petro se concentra en los trabajos negros y en las sociedades secretas y Zandor, la expresiòn màs secreta del vudù, conceden facultad partìcular a los iniciados los cuales estarìan en disposiciòn de volar y transformarse en animales a su gusto.

Un elemento que no puede dejar de mencionarse son las famosas muñecas. Existen una gran variedad de muñecas vudù; esto es de acuerdo a la tribu y època y de las regiones de donde proviene. Las hay de diferentes tamaños y elementos diversos como lo son la arcilla, madera, caucho, tela. Las muñecas son cargadas mediante mantras, veves y fuego, luego se agregan elementos de la persona a trabajar, ya sea para causarle un daño o matarla. Preparar una muñeca se lleva 5 dìas.



Los veves de los loa y los veves de la muñeca son marcados en el suelo con harinas de maìz y los alfileres no son alfileres comunes ni tampoco lo son de tejer, estos son el conjunto de una serie de elementos fundidos y mezclados ademàs de tener medidas especìficas de acuerdo al que maneja la muñeca vudù.

Aunque las creencias y pràcticas màgicas del vudù se hallan sobre todo concentradas en la isla, se difundieròn tambièn en EU a travès del comercio de esclavos consiguiendo su primero y màs poderoso centro en Lousiana en el siglo XVlll. A mediados del siglo XlX la inluencia del vudù era allì tan grande como para permitir a una supuesta mambo, Marie Laveau, convertirse en una autèntica celebridad local, con el beneplàcito de blancos y negros. Desde Lousiana, Georgia y Carolina del sur, el vudù se extendio hacia el norte, a los guetos y barrios humildes de las grandes ciudades industriales.

Al menos en un sentido hay que reconocer que sì tiene efectos reales la magia del vudù . Se han descrito en muchas anècdotas sobre esto que, un creyente en el vudù puede, si se cree vìctima de una maldiciòn hacerse a sì mismo morir de miedo, el shock autoinducido que paraliza la circulaciòn y determina que los òrganos vitales dejen de funcionar, faltos de oxìgeno, puede ser provocado simplemente "por el funesto poder de la imaginaciòn obrando a travès de un terror desenfrenado". Aaayyyy weeeyyy!!!









sábado, 12 de abril de 2008

Pacto con el diablo.

boomp3.com


El diablo es mucho màs directo, mucho màs franco de lo que suele pensarse, y detesta todas las restricciones mentales y los subterfugios.



Engañado, en el curso de la Edad Media, por los constructores de puente y catedrales que no l e concedìan alma, y que le daban el cuerpo de un gato o de una cabra, el diablo se ha vuelto desconfiado. A partir de entonces exigirà un compromiso formal a toda persona que quiera ser su ministro.

Les propondrà que firmen un pacto donde se estipulen las obligaciones mutuas.

Siempre existe la posibilidad de negarse a firmar el pacto, nadie se convierte en su esclavo del demonio sin su pleno consentimiento, segùn afirma Juan Tritemes en su "Antipapalus maleficarum".

firmar un pacto con la intenciòn de denunciar las clàusulas o de hacerlo pedazos antes de que se venza representa un peligro cierto. El diablo puede ver la intenciòn de los que, queriendo pasarse de listos, pretenden engañarlo.

El pacto que se hace inmediatamente despuès de invocar a las potencias infernales se llama pacto expreso : Pactum expressum cum daemone, pero èl puede intervenir de manera ocasional. El pacto tàcito: Pactum tacitum es el que sigue al heber leìdo un libro de magia caìdo en manos supersticiosas. De esta manera, esa persona curiosa llega a soñar al demonio depues de hojear ese libro lleno de imagenes eròticas o extravagantes.

Se dice de un cura que pensaba màs en las muchacha que en sus deberes parroquiales (y como no digo yo, si a misa y a muchas iglesias las jovenes mas bien parece que van a un desfile de moda que a alimentar su espìritu, asi que por ese lado no culpo a los curitas) y el diablo lo sorprendiò en sus lescturas:

"Que me daràs si te doy todo lo que deseas? , Que quieres de mì, dime y te lo darè" , asì nos pusimos de acuerdo y èl me pidio una promesa escrita que decìa lo siguiente: "renuncio a todos los bienes, tanto espirituales como temporales que pueden serme otorgados por parte de Dios, la virgen Marìa y de todos los santos y me entrego en cuerpo y alma a lucifer aquì presente, con todos los bienes que poseerè (salvo el valor de los sacramentos para no perjudicar a quienes los reciban). Firmado. "

No solo se hacìan pactos por amor al dinero o lograr el amor de alguien, tambien el deseo de conservar la juventud o el don de la inmunidad, la fuerza invencible era otra opciòn, es posible pedir cualquier cosa al señor de las tinieblas, hasta la suerte en el juego ......

A veces el amor satànico bastaba para firmar un pacto. el diablo es vanidoso y desea ser solicitado y que se le adore. Las mujeres, llevadas por su pasiòn frenètica entregan fàcilmente a los demonios su alma, su cuerpo y su vida incluso como en el siguiente pacto escrito con su propia sangre Marie de Sains :

"Te prometo, ¡oh belcebù !, que te servirè toda mi vida y te doy todo mi corazòn y toda mi alma, todas mis facultades, todos mis sentidos y todo mi cuerpo, todas mis obras, todos mis deseos y suspirosy todos los afectos de mi corazòn, todos mis pensamientos... te doy toda mi vida y aunque tuviera mil vidas todas te las daba por que tu lo mereces y porque tu lo quieres y porque te amo. "

El gran grimorio està considerado como uno de los libros màs autorizados en lo concerniente a los pactos diabòlicos. Resulta difìcil, como ocurre con todos los grimorios, datar la fecha exacta de su redacciòn, al no haberse localizado ningùn manuscrito anterior a la fecha de su impresiòn, que ocurrio en el siglo XVlll... Atribuido oficialmente a Antonio del Rabino, un mago veneciano que afirmaba haber redactado la obra basàndose en textos autògrafos del mismìsimo rey Salomon, en el gran grimorio se especifica con detalle como invocar y pactar con lucifer rofocal. Consciente de los riesgos que encerrarìa el pacto con el diablo el gran grimorio incluye toda una serie de clàusulas llenas de dobles sentidos, triquiñuelas y escapatorias que permiten burlar al diablo cuando èste se presente para reclamar su parte en el pacto, al fin y al cabo, toda una eternidad de tormentos inenarrables, a cambio de unos pocos años de beneficios materiales, no son un buen negocio para nadie...

Sacado de aqui: http://www.escalofrio.com/n/Misterios/Pactos_con_el_Diablo/Pactos_con_el_Diablo.php



Firmas de los principes del infierno.




El sello satanico.



La firma solìa ir acompañada de un intercambio de objetos. Satanàs se conformaba con poco, con tal de que se lo dieran de buena gana y luego luego, al cabo lo que le interesa es el alma y no los objetos. Sin embargo, preferìa un mechon de pelos o algunas gotas de sangre.

Muy variable en cuanto su duraciòn, el pacto a veces se confirmaba con la marca que satanàs imponìa a sus nuevos discipulos, los demonòlogos consideran que los grandes brujos no estan marcados y si lo estàn es en una parte de su cuerpo tan secreta que es imposible descubrirla.

Al poner su sello, estigma diabolicum, spatula o sigillum diaboli, el maligno trata sobre todo de borrar las huellas del bautismo. ademàs de que lo hace para tratar de eludir a la justicia ya sus ministros, a menudo las imprime en lugares tan sucios como en el fundillo Damiàn o en los genitales.

El sadismo anal, tal vez inconsciente entre los inquisidores y los jueces los movìa a examinar muy de cerca las partes "vergonzosas". Colocadas cercas del CYR-ano, las marcas indicaban en sus poseedores costumbres pasivas que merecìan unamuerte exquisita, asi el crimen e volvia triple, era a la vez la hechicerìa, la sodomìa y la bestailidad, porque el diablo a menudo los los poseìa en forma de animal.

En fin, los pactos con el diablo no son siempre iguales, depende el individuo, motivo o la necesidad por el cual se desea hacer el pacto con el diablo.


Las consecuencias.

Incluso algunos de los màs devotos satanistas señalan algunos delos riesgos que entrañan este tipo de ceremonias. El pacto satànic, dicen, no es un juego para curiosos sino un compromiso para toda la eternidad.

Quien vende su alma la diablo es vìctima de su propia debilidad y ambiciòn y no vacila para lograr sus deseos en vender su alma al diablo sin importarle las consecuencias, sabiendo que en algùn momento tendrà que pagar sus deuda. Asì es que termina perdiendo todo y condenando su ser, destruyendo su vida y todo lo que màs amaba.

El precio de vender el alma es muy alto, el comprador es implacable y paciente para cobrar y devorar a sus vìctimas. La tentaciòn es grande, pero el precio a pagar nunca es barato.... sacado de aqui:

Sacado de aqui: http://www.escalofrio.com/n/Misterios/Pactos_con_el_Diablo/Pactos_con_el_Diablo.php



Sacado en su mayorìa de un artìculo de la revista "Oculto" y de otras fuentes que se indican al final de ciertos parrafos pa que no empiezen eh !!!!.............


Este tema es muy vasto y solo quise tratarlo muy ligeramente, ah y les dejo un cuento muy bueno, la primera vez que lo lei yo tenìa como 9 años y la neta me latiò machìn pero durè varios dias durmiendo con la luz prendida, jaja...




Un pacto con el diablo.
Autor: Juan José Arreola

Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto distinguido.

-Perdone usted -le dije-, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la pantalla?

-Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo.

-Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas?

-Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma.

-¿Siete nomás?

-El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco de sangre.

Yo podía completar con estos datos el argumento de la película. Eran suficientes, pero quise saber algo más. El complaciente desconocido parecía ser hombre de criterio. En tanto que Daniel Brown se embolsaba una buena cantidad de monedas de oro, pregunté:

-En su concepto, ¿quién de los dos se ha comprometido más?

-El diablo.

-¿Cómo es eso? -repliqué sorprendido.

-El alma de Daniel Brown, créame usted, no valía gran cosa en el momento en que la cedió.

-Entonces el diablo...

-Va a salir muy perjudicado en el negocio, porque Daniel se manifiesta muy deseoso de dinero, mírelo usted.

Efectivamente, Brown gastaba el dinero a puñados. Su alma de campesino se desquiciaba. Con ojos de reproche, mi vecino añadió:

-Ya llegarás al séptimo año, ya.

Tuve un estremecimiento. Daniel Brown me inspiraba simpatía. No pude menos de preguntar:

-Usted, perdóneme, ¿no se ha encontrado pobre alguna vez?

El perfil de mi vecino, esfumado en la oscuridad, sonrió débilmente. Apartó los ojos de la pantalla donde ya Daniel Brown comenzaba a sentir remordimientos y dijo sin mirarme:

-Ignoro en qué consiste la pobreza, ¿sabe usted?

-Siendo así...

-En cambio, sé muy bien lo que puede hacerse en siete años de riqueza.

Hice un esfuerzo para comprender lo que serían esos años, y vi la imagen de Paulina, sonriente, con un traje nuevo y rodeada de cosas hermosas. Esta imagen dio origen a otros pensamientos:

-Usted acaba de decirme que el alma de Daniel Brown no valía nada: ¿cómo, pues, el diablo le ha dado tanto?

-El alma de ese pobre muchacho puede mejorar, los remordimientos pueden hacerla crecer -contestó filosóficamente mi vecino, agregando luego con malicia-: entonces el diablo no habrá perdido su tiempo.

-¿Y si Daniel se arrepiente?...

Mi interlocutor pareció disgustado por la piedad que yo manifestaba. Hizo un movimiento como para hablar, pero solamente salió de su boca un pequeño sonido gutural. Yo insistí:

-Porque Daniel Brown podría arrepentirse, y entonces...

-No sería la primera vez que al diablo le salieran mal estas cosas. Algunos se le han ido ya de las manos a pesar del contrato.

-Realmente es muy poco honrado -dije, sin darme cuenta.

-¿Qué dice usted?

-Si el diablo cumple, con mayor razón debe el hombre cumplir -añadí como para explicarme.

-Por ejemplo... -y mi vecino hizo una pausa llena de interés.

-Aquí está Daniel Brown -contesté-. Adora a su mujer. Mire usted la casa que le compró. Por amor ha dado su alma y debe cumplir.

A mi compañero le desconcertaron mucho estas razones.

-Perdóneme -dijo-, hace un instante usted estaba de parte de Daniel.

-Y sigo de su parte. Pero debe cumplir.

-Usted, ¿cumpliría?

No pude responder. En la pantalla, Daniel Brown se hallaba sombrío. La opulencia no bastaba para hacerle olvidar su vida sencilla de campesino. Su casa era grande y lujosa, pero extrañamente triste. A su mujer le sentaban mal las galas y las alhajas. ¡Parecía tan cambiada!

Los años transcurrían veloces y las monedas saltaban rápidas de las manos de Daniel, como antaño la semilla. Pero tras él, en lugar de plantas, crecían tristezas, remordimientos.

Hice un esfuerzo y dije:

-Daniel debe cumplir. Yo también cumpliría. Nada existe peor que la pobreza. Se ha sacrificado por su mujer, lo demás no importa.

-Dice usted bien. Usted comprende porque también tiene mujer, ¿no es cierto?

-Daría cualquier cosa porque nada le faltase a Paulina.

-¿Su alma?

Hablábamos en voz baja. Sin embargo, las personas que nos rodeaban parecían molestas. Varias veces nos habían pedido que calláramos. Mi amigo, que parecía vivamente interesado en la conversación, me dijo:

-¿No quiere usted que salgamos a uno de los pasillos? Podremos ver más tarde la película.

No pude rehusar y salimos. Miré por última vez a la pantalla: Daniel Brown confesaba llorando a su mujer el pacto que había hecho con el diablo.

Yo seguía pensando en Paulina, en la desesperante estrechez en que vivíamos, en la pobreza que ella soportaba dulcemente y que me hacía sufrir mucho más. Decididamente, no comprendía yo a Daniel Brown, que lloraba con los bolsillos repletos.

-Usted, ¿es pobre?

Habíamos atravesado el salón y entrábamos en un angosto pasillo, oscuro y con un leve olor de humedad. Al trasponer la cortina gastada, mi acompañante volvió a preguntarme:

-Usted, ¿es muy pobre?

-En este día -le contesté-, las entradas al cine cuestan más baratas que de ordinario y, sin embargo, si supiera usted qué lucha para decidirme a gastar ese dinero. Paulina se ha empeñado en que viniera; precisamente por discutir con ella llegué tarde al cine.

-Entonces, un hombre que resuelve sus problemas tal como lo hizo Daniel, ¿qué concepto le merece?

-Es cosa de pensarlo. Mis asuntos marchan muy mal. Las personas ya no se cuidan de vestirse. Van de cualquier modo. Reparan sus trajes, los limpian, los arreglan una y otra vez. Paulina misma sabe entenderse muy bien. Hace combinaciones y añadidos, se improvisa trajes; lo cierto es que desde hace mucho tiempo no tiene un vestido nuevo.

-Le prometo hacerme su cliente -dijo mi interlocutor, compadecido-; en esta semana le encargaré un par de trajes.

-Gracias. Tenía razón Paulina al pedirme que viniera al cine; cuando sepa esto va a ponerse contenta.

-Podría hacer algo más por usted -añadió el nuevo cliente-; por ejemplo, me gustaría proponerle un negocio, hacerle una compra...

-Perdón -contesté con rapidez-, no tenemos ya nada para vender: lo último, unos aretes de Paulina...

-Piense usted bien, hay algo que quizás olvida...

Hice como que meditaba un poco. Hubo una pausa que mi benefactor interrumpió con voz extraña:

-Reflexione usted. Mire, allí tiene usted a Daniel Brown. Poco antes de que usted llegara, no tenía nada para vender, y, sin embargo...

Noté, de pronto, que el rostro de aquel hombre se hacía más agudo. La luz roja de un letrero puesto en la pared daba a sus ojos un fulgor extraño, como fuego. Él advirtió mi turbación y dijo con voz clara y distinta:

-A estas alturas, señor mío, resulta por demás una presentación. Estoy completamente a sus órdenes.

Hice instintivamente la señal de la cruz con mi mano derecha, pero sin sacarla del bolsillo. Esto pareció quitar al signo su virtud, porque el diablo, componiendo el nudo de su corbata, dijo con toda calma:

-Aquí, en la cartera, llevo un documento que...

Yo estaba perplejo. Volvía a ver a Paulina de pie en el umbral de la casa, con su traje gracioso y desteñido, en la actitud en que se hallaba cuando salí: el rostro inclinado y sonriente, las manos ocultas en los pequeños bolsillos de su delantal. Pensé que nuestra fortuna estaba en mis manos. Esta noche apenas si teníamos algo para comer. Mañana habría manjares sobre la mesa. Y también vestidos y joyas, y una casa grande y hermosa. ¿El alma?

Mientras me hallaba sumido en tales pensamientos, el diablo había sacado un pliego crujiente y en una de sus manos brillaba una aguja.

"Daría cualquier cosa porque nada te faltara." Esto lo había dicho yo muchas veces a mi mujer. Cualquier cosa. ¿El alma? Ahora estaba frente a mí el que podía hacer efectivas mis palabras. Pero yo seguía meditando. Dudaba. Sentía una especie de vértigo. Bruscamente, me decidí:

-Trato hecho. Sólo pongo una condición.

El diablo, que ya trataba de pinchar mi brazo con su aguja, pareció desconcertado:

-¿Qué condición?

-Me gustaría ver el final de la película -contesté.

-¡Pero qué le importa a usted lo que ocurra a ese imbécil de Daniel Brown! Además, eso es un cuento. Déjelo usted y firme, el documento está en regla, sólo hace falta su firma, aquí sobre esta raya.

La voz del diablo era insinuante, ladina, como un sonido de monedas de oro. Añadió:

-Si usted gusta, puedo hacerle ahora mismo un anticipo.

Parecía un comerciante astuto. Yo repuse con energía:

-Necesito ver el final de la película. Después firmaré.

-¿Me da usted su palabra?

-Sí.

Entramos de nuevo en el salón. Yo no veía en absoluto, pero mi guía supo hallar fácilmente dos asientos.

En la pantalla, es decir, en la vida de Daniel Brown, se había operado un cambio sorprendente, debido a no sé qué misteriosas circunstancias.

Una casa campesina, destartalada y pobre. La mujer de Brown estaba junto al fuego, preparando la comida. Era el crepúsculo y Daniel volvía del campo con la azada al hombro. Sudoroso, fatigado, con su burdo traje lleno de polvo, parecía, sin embargo, dichoso.

Apoyado en la azada, permaneció junto a la puerta. Su mujer se le acercó, sonriendo. Los dos contemplaron el día que se acababa dulcemente, prometiendo la paz y el descanso de la noche. Daniel miró con ternura a su esposa, y recorriendo luego con los ojos la limpia pobreza de la casa, preguntó:

-Pero, ¿no echas tú de menos nuestra pasada riqueza? ¿Es que no te hacen falta todas las cosas que teníamos?

La mujer respondió lentamente:

-Tu alma vale más que todo eso, Daniel...

El rostro del campesino se fue iluminando, su sonrisa parecía extenderse, llenar toda la casa, salir del paisaje. Una música surgió de esa sonrisa y parecía disolver poco a poco las imágenes. Entonces, de la casa dichosa y pobre de Daniel Brown brotaron tres letras blancas que fueron creciendo, creciendo, hasta llenar toda la pantalla.

Sin saber cómo, me hallé de pronto en medio del tumulto que salía de la sala, empujando, atropellando, abriéndome paso con violencia. Alguien me cogió de un brazo y trató de sujetarme. Con gran energía me solté, y pronto salí a la calle.

Era de noche. Me puse a caminar de prisa, cada vez más de prisa, hasta que acabé por echar a correr. No volví la cabeza ni me detuve hasta que llegué a mi casa. Entré lo más tranquilamente que pude y cerré la puerta con cuidado.

Paulina me esperaba.

Echándome los brazos al cuello, me dijo:

-Pareces agitado.

-No, nada, es que...

-¿No te ha gustado la película?

-Sí, pero...

Yo me hallaba turbado. Me llevé las manos a los ojos. Paulina se quedó mirándome, y luego, sin poderse contener, comenzó a reír, a reír alegremente de mí, que deslumbrado y confuso me había quedado sin saber qué decir. En medio de su risa, exclamó con festivo reproche:

-¿Es posible que te hayas dormido?

Estas palabras me tranquilizaron. Me señalaron un rumbo. Como avergonzado, contesté:

-Es verdad, me he dormido.

Y luego, en son de disculpa, añadí:

-Tuve un sueño, y voy a contártelo.

Cuando acabé mi relato, Paulina me dijo que era la mejor película que yo podía haberle contado. Parecía contenta y se rió mucho.

Sin embargo, cuando yo me acostaba, pude ver cómo ella, sigilosamente, trazaba con un poco de ceniza la señal de la cruz sobre el umbral de nuestra casa.